Leyenda: Muchas personas ya disfrutan de los beneficios de las viviendas colaborativas

Las viviendas colaborativas es un concepto distinto de propiedad donde ésta no recae en la vivienda sino en el uso que se hace de ella. Sí, ya sé que esto a lo mejor te sorprende porque en España todavía es muy fuerte el sentimiento de vivienda en propiedad. Pero ¿y si te dijera que el derecho de uso no puede ser embargado, que es a perpetuidad y que se transfiere a herederos? O que no existen las hipotecas individuales sino concesiones comunitarias y financiaciones puntuales para las cuotas de entrada. Y ¿si te dijera que no hay listas de espera?

Se puede decir que con las viviendas colaborativas te quitas de encima el gran peso que supone tener una vivienda en propiedad: pago de entrada, hipoteca, intereses, impuestos de todo tipo…Tu propiedad es un derecho de uso de una vivienda que tus sucesores van a poder heredar para el cual ni tienes que pedir hipoteca, ni préstamos, ni te van a crujir a impuestos ¡Piensa de manera práctica y cambia el chip! Tendrás más por menos. Más calidad de vida, más compañía, más servicios, más libertad, más espacio, más amigos. Menos cargas económicas, menos quebraderos de cabeza, menos soledad y menos preocupaciones.

Por todos estos motivos, las viviendas colaborativas no son sólo la mejor opción para las personas que están en la segunda mitad de su vida. También lo son para personas jóvenes que deciden invertir desde ya en un estilo de vida en comunidad, y quitarse de encima un montón de gastos. También los hay que siguen manteniendo su vivienda en propiedad, pero empiezan a invertir en proyectos de cohousing mediante la compra de acciones. Invierten hoy para disfrutar mañana.

El origen de las viviendas colaborativas está en los países nórdicos

Aunque la vida en comunidad ya existía en la España profunda en los llamados patios de corrala, donde reinaban la tranquilidad y la alegría que te aporta el saber que no estás sólo, el concepto de viviendas colaborativas proviene de los países nórdicos en la década de los 60. De hecho, en países como Dinamarca, el 10% de las comunidades funcionan así. Por no hablar de Suecia donde este porcentaje alcanza el 35%. Ahora, el sur de Europa es cada vez más proclive a iniciar proyectos de cohousing ante la acuciante demanda de vivienda colaborativa.

Viviendas independientes con servicios comunes

Las viviendas colaborativas se caracterizan por ser viviendas independientes rodeadas de espacios comunes en los que hacer vida en comunidad. Las personas que deciden beneficiarse de este estilo de vida también lo hacen de sus múltiples servicios comunes, enfocados a facilitar la vida a las personas y proporcionarles actividades sanas en comunidad. En definitiva, se trata de seguir siendo dueño de tu independencia y de tu libertad, pero estar rodeado de personas que comparten su visión de vida.

No son residencias

Para mucha gente, las viviendas colaborativas son la gran alternativa a las residencias. Por muchos motivos. En las viviendas colaborativas el sentimiento de libertad y autonomía es absoluto, frente a las residencias donde la dependencia es casi total y todo está pautado. Además, las viviendas colaborativas son la combinación perfecta entre intimidad y comunidad. Las personas y familias que las habitan decidieron en su día juntarse y construir entre todos una urbanización – por llamarlo de una manera – con servicios comunes. Cada una de ellas tiene su vivienda independiente y, si lo desean, pueden compartir espacios comunes para relacionarse con otras personas y sentir los beneficios de vivir en comunidad. Entre los servicios comunes, por supuesto, se puede decidir que haya un centro de salud comunitario, un comedor comunitario, una lavandería comunitaria, una guardería comunitaria, y así hasta donde cada comunidad escoja. Su funcionamiento es totalmente democrático y se decide en asamblea, como en una cooperativa de viviendas.

Una inversión a presente y a futuro

Una de las grandes ventajas de las viviendas colaborativas es que la mayoría de la gente se las pueden permitir. Recuerda que no pagas por una vivienda en propiedad, sino que compras acciones que te dan derecho al uso de una vivienda y de disfrutar de todos los servicios y zonas comunes. Por eso, muchos jubilados de España – y de muchos países – se decantan por esta forma de vivir su segunda juventud. Además de estar acompañados, les resulta más rentable. En un mismo pago tienen incluida la vivienda, las actividades de ocio, y, en muchos casos, los servicios de salud. Eso es lo que ocurre en Comuniti. Y no sólo son personas en la segunda edad de su vida los que quieren venir a vivir a esta extraordinaria comunidad. También hay familias jóvenes y no tan jóvenes que están invirtiendo en nuestra comunidad porque les gusta nuestro estilo de vida. Además, han echado cuentas y les sale más rentable formar parte de Comuniti. Y, lo más importante, beneficiarse de todas las ventajas de vivir en comunidad.

Y tú ¿quieres cambiar el chip?

Tu vida, tu libertad, tus decisiones.